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Entrevista con Alexandra Cuesta, directora de Manu: a visual album

Actualizado: 4 dic 2024


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Por Francisco Álvarez Ríos


FA: El filme parte de una pieza sonora compuesta por Bryan Senti, cuéntanos sobre cómo surgió esta dinámica de trabajo. 


AC: Yo recibí la propuesta de Bryan en la pandemia, una etapa donde el tiempo se suspendía y permitía pensar y conversar, así que tuvimos una relación de trabajo virtual. Es ahí donde él me contó sobre la motivación de su música y sobre su idea de conectarse con su identidad latinoamericana ya que su padre es cubano y su madre colombiana. La identidad de su madre fue muy importante ya que ella nació en un pueblo de la sierra de Colombia pero tuvo que escapar por la violencia del narcotráfico.  Esto nos permitió intercambiar ideas sobre tener memorias y también sobre memorias que no son propias pero que se vuelven personales. Partimos de esas memorias y lo que tenían en común. 


Luego escuche su propuesta sonora y me encanto, conecté totalmente, sentí que no había escuchado algo así, ya que no solo fusiona la música clásica con sonidos andinos, él añade algo que me pareció novedoso. Sentirme cómoda con la pieza sonora fue algo esencial, la escuché varias veces hasta sentir que la había internalizado. A raíz de esto se inició un proceso intuitivo, de sentir. En mi trabajo no hay guiones, pero sabía lo que quería explorar: la naturaleza y los territorios que están en riesgo de desaparecer, no inmediatamente, pero que corren peligro constantemente.  También pensé que no hay muchos registros de estos paisajes en celuloide. Tuve estas ideas claves y claras, pero el cómo se van a fusionar con la composición musical de Bryan fue  un proceso intuitivo de responder al momento de estar presente en el lugar del rodaje. Tenía presente que quería jugar con la musicalidad de las imágenes y pensar en la cámara como un instrumento musical, eso me permitió hacer construcciones importantes a través del montaje en cámara. 


Es muy gratificante hacer algo en conjunto y para alguien más, a pesar de que era mi película, estaba realizándose para la música por medio de una conexión. Esa conexión me dio muchas posibilidades de explorar y sentir los movimientos. Pensaba en movimientos, pero no solo del cuadro o de la cámara, sino movimientos que conectan un espacio con otro, una persona con el agua o una hoja con la montaña, etc. 


FA: La posibilidad de crear musicalidad con el montaje de las imágenes tienen una relación directa con las posibilidades de trabajo con la Bolex, cuéntanos sobre esta relación en tu trabajo. 


AC: Hay algo que no lo he comentado antes públicamente con respecto a Manu, sé que esta película es un homenaje a estos espacios en riesgo, pero siento que se convirtió en un homenaje para Robert Fenz, un cineasta maravilloso que fue mi amigo y mentor. Incluso, la cámara que uso me la regaló Robert hace 15 años. Cuando yo estaba aprendiendo tuve la oportunidad de acompañarlo a filmar en diversas ocasiones, él hizo un proyecto en la frontera de U.S.A y México y propuso un movimiento de cámara (de los que comenté anteriormente) entre un territorio, el muro y el otro territorio, el cual me generó muchas percepciones de cómo acercarme a una tradición del cine y el uso del aparato. Contemplar la forma de trabajo de Robert fue una experiencia profundamente importante para mi trabajo actual. 

 

No pensé en esto antes, pero cuando estaba filmando y tratando de pensar musicalmente, me di cuenta que estaba recreando ciertos movimientos de cámara que ví en las películas de Robert. Él trabajaba mucho con jazz y decía que la Bolex es como un instrumento con el que se puede improvisar, mezclar técnica y libertad. He pensado que mientras hacía Manu evoqué a Robert de cierta manera, esto ha sido muy emotivo para mi. 


Fui a Harvard Film Archive y pude ver por primera vez una serie de películas proyectadas en celuloide, era la serie Meditations on revolution de Robert Fenz: esa proyección se convirtió en una experiencia transformada. Conocer su ritmo, su forma de improvisar, la conexión con lo que filma y la precisión del trabajo con la luz y el celuloide me sorprendieron. A pesar de que mis películas están conectadas a la tradición del cine experimental, yo me considero documentalista, me hago preguntas y busca en lo real dentro de la cultura latinoamericana y sus márgenes.


FA: Los retratos son una continuidad en tu obra, quisiera saber sobre tu relación con lo humano, con el paisaje y con el territorio para la creación de imágenes. ¿Cómo nace tu impulso para trabajar el retrato y cuál es la dinámica que usas para lograrlo?


AC: Vengo trabajando mucho tiempo con los retratos de maneras diversas, incluso con la fotografía fija que es donde tuve procesos de fotografiar a personas y vincularme con el espacio público. Desde aquí han surgido varias dinámicas de relación sobre el acercamiento hacia las personas para generar imágenes, pero cuando esas imágenes se traducen al cine, al tiempo, se genera una relación muy viva entre el cineasta y la persona, se trata de un intercambio de tiempo donde los dos estamos teniendo una experiencia. 


Después de hacer Territorio, film que trata sobre el intercambio de las miradas, tengo muy claro que en el proceso de retratar hay una reciprocidad que surge en este intercambio de tiempo. Con Manu hay una continuación de esto, no solo con las personas sino con la naturaleza. Es interesante pensar en la conexión con la naturaleza y si esta también ofrece esta reciprocidad, me gusta pensar en la relación de lograr experimentar un intercambio con la naturaleza. Me propongo buscar que dicho encuentro con la naturaleza me revele algo de ella, no me gusta solo ir y filmar, me gusta el proceso de encuentro y revelación y las dinámicas que surgen para poder filmarlo. Por ejemplo, cuando fui a filmar en Susudel surgió un movimiento de cámara donde se encontraban una ruina, un penco y un burrito, ahí surgió una revelación desde el espacio y esa realidad, entonces pude capturar varias texturas y capas de tiempo. Siempre que voy a Susudel siento que se perciben varios tiempos a la vez, entonces busqué una forma de relacionarme con este espacio para poder registrarlo. 


FA: Manu contiene momentos donde el silencio potencia la fuerza documental del filme. ¿Cómo surge esta decisión narrativa? 


AC: Esta fue una decisión clave. Yo quería que la película sea también un documental, que sea también una película y que no solo tenga una función de acompañar a la música. La premisa inicial proponía que las imágenes sean una interpretación de la música, pero no quería que dichas imágenes funcionen sólo en relación a la sonoridad, entonces busqué cómo darle un espacio de independencia. Pienso que los silencios enraízan hacia la imagen del lugar que se ha filmado, te hacen sentir un término documental. 


FA: Tus películas recientes proponen un tono de escritura en intimidad, como si tuvieran algo de apuntes a pie de página o de una correspondencia atemporal, pero logran una transmisión sensible y de alguna manera, física. A partir de esto ¿cuál es tu perspectiva sobre un álbum?


AC: Me encanta como lo has descrito. Pienso que todo viene del encanto por los objetos y su dimensión física, a partir de esto propongo el uso película fotográfica; me interesa la materialidad del cine y en general todo aquello que es físico, que se puede tocar, que se puede revisar página a página, aquello que te permite regresar y volver a avanzar hablando en términos de mirada, es decir, me interesa dar el tiempo para relacionarme con el objeto, como con un álbum, por ejemplo. 


Siento que mis películas son muy personales y que buscan la honestidad. Mis películas intentan proyectar la sensación de que alguien está mirando algo, de que existe una presencia activa que mira y se afecta por lo mirado, entonces decido alejarme del artificio de suspender la realidad y busco que ese alguien mirando habite un tiempo determinado. 


En mi proceso pienso mucho en el enlace con una dimensión espiritual, en el sentido de que filmar es un momento de conexión, me conecto con la intuición o con otro tipo de inteligencia, es decir, es algo que no solo está en la cabeza. Me conecto desde otro lado para crear intimidad.

 
 
 

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