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La mentira es solo otra forma de decir la verdad: My Mexican Bretzel

  • 17 abr
  • 2 min de lectura

Por: Francisco Álvarez.


La ópera prima de Nuria Giménez, My Mexican Bretzel, se ha presentado como una verdadera sorpresa en diversos circuitos de exhibición, gracias a la elaborada gestualidad que sostiene en diversas dimensiones narrativas. My Mexican Bretzel es un repaso en primera persona por las memorias íntimas de Vivian Barrett, una mujer de clase alta que reflexiona sobre diversas inquietudes de la vida de pareja, hecha de luces y sombras que hacen que los vínculos se deterioren gradualmente, hasta que surgen secretos e intimidades que le ayudan a escapar de la incertidumbre cotidiana y gestar un sendero seguro y privado por el que transitar para redescubrirse a sí misma.

 

Un factor determinante del prolijo trabajo plástico y narrativo de My Mexican Bretzel se cimienta en la relación que ejerce la directora al enfrentarse al archivo fílmico. Giménez se aferra al material de 8mm y 16mm que pertenecía a sus abuelos y, deliberadamente, decide aproximarse a este registro familiar con la premisa de usar sus imágenes, pero no sus historias personales, es decir, despojar al archivo de su identidad original y su genética para permitirse provocar un gesto de reinvención: lenguaje documental trabajando al filo mismo de la ficción.

 

Así, My Mexican Bretzel contiene un carácter escultórico en su conducta creativa: Nuria modela el film usando textos sensibles y poderosos como manos que cincelan, emplea el archivo visual como materia y estructura maleable, incluyendo un impecable y sutil trabajo sonoro como detalle invalorable de la pieza. De esta manera, la directora otorga nuevas líneas argumentativas al material fílmico, que representan sus intereses propios, enfocados en un cuestionamiento político de la condición de la mujer frente al matrimonio.

 

A pesar de que Nuria construye una propuesta que sitúa a Vivian como una mujer en una época determinada, la vigencia y constante vitalidad de la película reposa en el gesto (individual y político, íntimo y público) de reflexionar sobre cómo el tiempo provoca que los vínculos se debiliten hasta disolverse y la vida interna deba ser reinventada. Desde aquí, la película construye y relaciona diversas reflexiones sobre las posibilidades de abrazar nuevamente la comodidad individual a través del despojo de pactos sociales. Vivian crea nuevos afectos para tomar decisiones que le permiten habitar un concilio con su presente, su pasado y la manera en la que ella siente que debe refundar su relación con el mundo, dándose el espacio que merece para ser y sentir, a pesar de sacrificar el concepto de verdad.

 

En My Mexican Bretzel los límites entre el documental y la ficción se diluyen, proyectados bajo la cita a Paravadin Kanvar Kharjappali compartida en el film: «La mentira es solo otra forma de decir la verdad».

 
 
 

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